En geometría, cuando ubicamos dos puntos en un plano cartesiano, podemos describir qué tan separados están usando dos medidas distintas: la distancia horizontal (a lo largo del eje x) y la distancia vertical (a lo largo del eje y). En lugar de medir la línea recta que conecta los dos puntos, estas distancias miden solo el desplazamiento en cada dirección por separado, como si camináramos primero de forma horizontal y después de forma vertical para llegar de un punto a otro.
Esta forma de medir es muy útil porque casi cualquier movimiento en el plano, ya sea una traslación, un cambio de posición dentro de una figura simétrica o el armado de un patrón repetitivo, puede describirse combinando un desplazamiento horizontal con uno vertical.